Nuestro segundo viaje a Orlando en familia fue todo rojo, blanco y verde: navidad, navidad, navidad.

Apenas nueve meses antes conocimos la magia juntos por primera vez y el parto fue esperar para volver, la excusa era simple: “tenemos” que conocer Disney en navidad. Ponele.

Como varios de ustedes saben, la temporada de fiestas en Orlando no se limita a los últimos días del año. Comienza mucho antes, a principios de noviembre. Nuestra travesía empezaría exactamente después de Thanksgiving, disfrutando de las moderadas multitudes de las dos primeras semanas de diciembre.

El primer parque que visitamos no fue de Disney: Sea World nos avisó rápido que la “excusa navidad” era mucho más que eso. Por la noche, un show especial llamado “Miracles” protagonizado  por la Orca estrella del parque, Shamu, nos emocionó en familia.

Antes del inicio del show, 15 minutos de un karaoke para todos los asistentes fue el  primero de  muchos otros momentos en que  me encontré cantando villancicos y clásicos con Santa como protagonista. En muchos casos pura fonética, sin saber lo que decía. Fonética feliz al fin.

No soy un ser musical, pero en ese viaje los clásicos navideños se marcaron a fuego en mi cabeza: “Santa is coming to Town”, “Frosty the Sonowman”, “Here comes Santa”, “Winter Wordeland” y varias otras se repetían de parque a parque entre la música de fondo implantándose para siempre en mi débil cerebrito. De hecho, mientras escribo esto estoy escuchando una playlist de música navideña en Spotify.  Sin comentarios.

También disfrutamos de una Very Merry Christmas Party, Osborne Spectacle of Dancing Lights, Grinchmas, el desfile de Macy y varias otras actividades pero necesito enfocarme: lo que quiero contarles pasó en Epcot, más precisamente en Noruega.

Epcot es uno de los parques más lindos durante la temporada de fiestas. El evento que lo vuelve especial no es demasiado valorado o promocionado, quizá por salirse algo del registro impactante de los desfiles o los fuegos especiales: Holidays Around the World.

Story tellers” o contadores de historias ganan la escena en pequeños escenarios y escenografías construidos especialmente en cada uno de los países de World Showcase para contarle a chicos y grandes historias navideñas propias de su región.

Hay una barrera idomática allí si no manejan bien el inglés, pero las historias son una delicia usualmente de 10 a 15 minutos de duración.

En Noruega, la rubia Sigrid cuenta cómo se festeja durante tres días seguidos en su país la navidad y revela que la figura central es “Julensissen” un gnomo-elf con toda la apariencia de nuestro Papá Noel.  A poco de comenzada la historia, Julensissen toma el escenario con su barba blanca, el sombrero rojo clásico pero también con su pequeño tamaño y sus pantalones verdes.

Con un gran bastón  mágico de madera, logra divertirse a costa de Sigrid, quien es la única que no puede verlo sobre el escenario. La historia avanza mientras Sigrid continúa contando la navidad pero queda inmóvil cuando el gnomo golpea el piso con esa vara para hacer alguna travesura.

Así pasan los minutos, con Julensissen volviendo un poco loca a Sigrid, inmovilizándola, cambiando su postura antes de volverá despertarla entre otras travesuras.

Los chicos se divierten y en un momento Sigrid cuenta que la tradición noruega lleva a apagar todas las luces antes de comer y las casas se iluminan sólo con las luces de las velas. Uno de los niños es enviado a la habitación contigua donde está el árbol repleto de regalos y desde allí debe confirmar que todo está donde debe estar para luego tocar una campana para que todos concurran a abrirlos.

Promediando la historia, Julensissen elige a uno de los niños del público integrándolo a la escena: primero le da la campana de Sigrid mientras ella está inmóvil. Al despertar, Sigrid no entiende cómo llegó la campana a manos del niño y se da otra escena divertida.

Luego, el mismo niño es el elegido para ir hacia el árbol y reproducir la escena Noruega junto a los regalos.

El día que estábamos disfrutando de esta historia en Noruega, Juana fue la elegida de Julensissen para tocar la campana. Juana estaba a días de cumplir 4 años en ese entonces y, obviamente, no entendía una sola palabra de ingles. Julensissen  le daba indicaciones, simples y sencillas pero indicaciones en otro idioma al fin, yo no se cómo lo logró pero siguió cada una de las instrucciones sin problemas y disfrutó de varios segundos de estrellato mientras la madre y quien escribe contenían la emoción.

Hoy le pregunté a Juana si se acordaba de aquel momento y me dijo: “Si, cuando toqué la campana”.

Ese fue nuestro cuento de navidad en familia allá por las tierras mágicas. Otro momento mágico.

Feliz Navidad para todos.

MOMENTOS MAGICOS CAPITULO 2

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