Si bien es obvio el volumen de datos, las herramientas de programación y las estrategias de recorrido son grandes fortalezas de este sitio web, en ocasiones me encuentro atrapado en ese tipo de contenido.

Pensando y pensando qué otro tipo de material podía ayudar a balancear tanto dato y tanto tablero mágico en  viajeromagico, la lamparita se prendió de la forma más simple: una serie de post sencillos que se enfoquen en relatar algunas vivencias personales y de nuestros viajes en familia.

En otro rapto de originalidad, se me ocurrió que debían llamarse “Momentos Mágicos” y numerarse por capítulos a medida que los vaya publicando.

Puede ser una idea que viva y muera en este primer capítulo o que me sea difícil parar de escribirlos. Veremos. Debo confesar que este primer capítulo salió de corrido y con entusiasmo.

Sin que implique una regla que vaya a observar en el futuro, el capítulo uno coincide con mi primer momento mágico en familia allá, en aquellas tierras. Ya había viajado diez años antes como hijo y hermano pero en marzo 2009 fue el primer viaje como papá y esposo. Jamás había pasado por mi cabeza crear una web sobre Disney y Orlando.

No se me ocurre cómo ese primer viaje familiar pudo haber empezado peor…

En un decálogo de errores y sucesiones de eventos desafortunados, nuestra primer aventura empezó de la siguiente manera:

Tras cuatro horas para llegar desde nuestra casa al aeropuerto de Ezeiza en Argentina, y habiendo arribado allí 4 horas antes de la partida de nuestro vuelo a Miami, Juana –de tres años recién cumplidos- hizo 38° de fiebre, todo un síntoma de lo que vendría después.

La llevamos a la guardia del aeropuerto donde le indicaron antitérmicos. La cosa no parecía haber llegado a mayores y finalmente nos subimos al avión.

Dormí poco y nada durante el vuelo para llegar a Miami bien temprano a la mañana.

En el primero de los múltiples errores que cometí en ese primer viaje, había programado avanzar sin parar desde el aeropuerto de Miami hasta el hotel en Orlando, el destino era el Disney`s All Star Music Resort.

Habíamos alquilado por un sólo día auto en Alamo, con GPS.

Luego de luchar con la empleada para evitar que me vendan adicionales innecesarios partimos finalmente en un Chevrolet hacia nuestro destino.

Durante el viaje por la autopista Turnpike Juana volvió a tomar fiebre y Lola –de 11 meses en ese momento- lloró el 93,5% del viaje contagiándole a su hermana las ganas en al menos el 50% de ese tiempo.

Entre el sueño, el cansancio y los llantos creo que pocas veces tuve tantas ganas de sumarme al coro de pequeñas lloronas como durante ese día. Literalmente tenía ganas de llorar.

Por suerte Marina mantenía la compostura e intentaba calmarnos a todos (la bebé de 11 meses, la nena de 3 años y al “adulto” de 33)

Sumemos:

  • 4 horas hasta Ezeiza
  • 4 horas en Ezeiza con la noticia de la fiebre
  • 9 horas en el Vuelo sin dormir
  • 2 horas entre migraciones y hasta finalmente sacar el auto
  • 4 horas hasta Orlando envuelto en llantos infantiles

Me faltaba una horita para completar el día entero de sufrimiento. No hay problemas, cuando arribé a Orlando estuve aún 2 horas más girando por Walt Disney World ya que el GPS no sabía indicarme donde estaba el All Star Music y mi cabeza no estaba apta para seguir ninguna cartelería.

25 horas después de partir de nuestra casa, habíamos llegado al hotel.

TIP: Si no son de dormir durante el vuelo y están encargados de manejar traten de no viajar corrido desde casa hasta Orlando si el arribo es en Miami.

El programa indicaba que nos quedaríamos sólo una noche en el Music ya que la Aerolínea nos había modificado el vuelo semanas antes y debimos volar un día antes de lo previsto, al día siguiente pasaríamos al Pop Century (nuestra elección original) por el resto de la estadía.

El check in fue tranquilo pero la habitación asignada era la más lejana que podía tocarnos. Mis cálculos y mis recuerdos imaginan no menos de medio kilómetro entre la habitación y el lobby, mis sentidos no estaban a pleno pero creo que por ahí andaba.

Aunque no está escrito en esta web, un tip que encontrarán en mi libro cuando finalmente pueda terminarlo sostiene que el Music es uno de los pocos hoteles Disney que amerita el pago de una habitación preferred por su diseño alargado.

Absolutamente arrepentido a esa altura de haber decidido viajar a Disney, con las nenas sin parar de llorar (100% para ese instante) y Juana con fiebre leve pero fiebre al fin. Me recosté 5 minutos en una de las camas para que Marina me diera la buena noticia de que la ducha no andaba.

Llamamos al Front Desk y dijeron que pronto enviarían a alguien para arreglarlo.

Eran épocas más austeras que las actuales para nosotros y el auto lo habíamos alquilado por un solo día a la ida y otros 2 días a la vuelta. Entonces, era imperioso cumplir con la programación de compras de ese único día con auto al inicio: cámara de filmar, provisiones en Wal Mart, cochecito económico (llevamos uno, necesitábamos otro), dos celulares y GPS para la vuelta. El Outlet lo visitaríamos al final con el auto de los últimos 2 días.

Alienado como estaba y careciendo de ducha para bañarme le dije a Marina –sin dejar margen para el debate- que me iba solo a hacer esas compras. Así lo hice y las cosas parecieron mejorar: el silencio y la ausencia de coro de lágrimas a mi espalda me permitió relajarme y visitar sin prisa pero sin pausa Best Buy y Walmart para comprar los electrónicos, dos celulares, las provisiones y el cochecito.

Cumplida mi misión, contento volví al hotel algo menos de tres horas después.

Marina no la pasó igual de bien durante esas casi tres largas ya que imaginó un grave accidente de mi parte dado lo que había demorado, el estado en que había salido, la falta de conocimiento del terreno y buen temperamento que había demostrado en el viaje desde Miami.

TIP: Traten de avisar a su esposa si se van a ausentar casi 3 horas sin forma de ser contactados, al menos para que no piense en llamar a una embajada.

Juana había vuelto a levantar temperatura y mi pequeño recreo mental había llegado a su fin –en ese momento pensé que para siempre-, llamamos al médico de la Asistencia al Viajero e intentamos varias veces comunicarnos a Argentina para avisar a la familia que habíamos llegado bien desde la habitación. No lo logramos hacerlo fácilmente debiendo dejar mensajes, llamar a celulares y tíos para que avisen de nuestra llegada sana y salva. Al menos la física.

Ya de noche, un médico de 2 metros de altura y tez bien morena tocó la puerta de la habitación despertó a una dormidísima Juana para revisarla, la nena se asustó primero pero el gigantón resultó ser muy dulce con ella y logró tranquilizarla aún sin hablar una palabra de español. Le recetó algún remedio que ya no recuerdo y nos tranquilizó sobre su evolución.

Esa noche fui con Juana en el cochecito recién comprado hasta el Gift Shop del hotel a comprar el remedio y le compré también un par de regalitos Disney, incluida una remera de su ídola por aquel tiempo: Minnie, para compensarla en algo por semejante tortura a la que la habíamos expuesto. Lola ya dormía sin parar luego de haber batido su propio record de llanto durante las 36 horas previas.

Todos caímos rendidos a la espera que la sensación de arrepentimiento se fuera al día siguiente cuando el descanso hiciese su trabajo y debutáramos en Animal Kingdom.

Al despertarme, antes de partir hacia el parque fui a hacer el Check Out en el Music, caminé el medio kilómetro desde la habitación hasta el Front Desk y me encontré con que ese segundo día no iba a empezar mejor que como había terminado el anterior: las múltiples llamadas a Argentina redundaron en una cuenta que de la nada pasó a los casi 200U$S en telefonía solamente.

TIP: nunca llamen desde la habitación a su país, en el lobby hay teléfonos públicos que funcionan a tarjeta unas 10 veces más  económicos, escribiría también tiempo después en alguna parte de esta web.

Ya sin ningún tipo de ánimo llegamos los cuatro a Animal Kingdom, del lado positivo, las nenas habían descansado, Juana estaba sin fiebre con su nueva remera de Minnie puesta y Lola no había llorado más allá de un 5% del tiempo matinal. Ingresamos al parque y fuimos  al hoy extinto Camp Minnie-Mickey.

Los personajes estaban en sus tiendas y en contra de toda planificación previa elegimos, para darle el gusto a Juana, visitar a Minnie con atuendo de safari como primera atracción a realizar antes del primer horario del Lion King Festival. Elección totalmente alejada de cualquier estrategia de recorrido razonable…

Nunca, pero nunca, nunca jamás, me voy a olvidar de las caras de Juana y Lola mirando, queriendo tocar, abrazando y besando a Minnie durante apenas 2 minutos.

Ese momento mágico, me cambio la vida.

MOMENTOS MAGICOS CAPITULO 1

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